Nevo coroideo: lo que debe saber sobre esta condición
Descripción general del nevo coroideo
Un nevo coroideo es una acumulación de células pigmentadas ubicada en la coroides, una capa delgada de vasos sanguíneos y tejido que se encuentra entre la retina y la esclerótica (la pared externa blanca del ojo). Estas manchas pigmentadas suelen ser de color marrón oscuro o gris, tienen bordes bien definidos y se descubren con frecuencia durante un examen con dilatación de la pupila.
La mayoría de los nevos son pequeños, con un diámetro menor a 5 milímetros. Generalmente permanecen estables a lo largo de la vida y no afectan la visión, a menos que se encuentren directamente debajo de la mácula, la zona central de la retina responsable de la visión nítida y detallada.
Los nevos coroideos se originan a partir de los melanocitos, las células de la coroides que producen pigmento. Investigaciones han identificado ciertas mutaciones genéticas, particularmente en los genes GNAQ y GNA11, en estas células pigmentadas. Estas mismas mutaciones también se encuentran en la mayoría de los melanomas uveales. Por esta razón, el especialista en retina monitorea los nevos con atención a lo largo del tiempo.
En la mayoría de los casos, el nevo permanece estable. En raras ocasiones, cambios genéticos adicionales pueden provocar su crecimiento. Cuando esto ocurre, el nevo puede dañar el epitelio pigmentario de la retina (RPE, por sus siglas en inglés), una capa de células que sostiene la retina. Este daño puede permitir que se acumule líquido subretiniano o favorecer el crecimiento de vasos sanguíneos anormales, una condición conocida como neovascularización coroidea.
Aunque la gran mayoría de los nevos coroideos son benignos (no cancerosos), un número muy reducido puede transformarse en melanoma coroideo, un tipo de cáncer ocular. Según datos de la ASRS (2024), la tasa de transformación se estima en aproximadamente 1 de cada 9,000 por año. Dado que el cambio de un nevo benigno a melanoma puede ser lento y sutil, los exámenes periódicos con imágenes diagnósticas permiten al especialista en retina detectar cualquier cambio de forma temprana.
Personas afectadas y factores de riesgo
Los nevos coroideos son relativamente frecuentes en adultos. Según la ASRS (2024), aproximadamente el 5% de los adultos de 40 años o más en los Estados Unidos tienen un nevo coroideo. La prevalencia varía según la raza y el origen étnico. Los estudios reportan una prevalencia de aproximadamente 5.6% en personas blancas, 2.7% en personas hispanas y 0.6% en personas de raza negra (ASRS, 2024). En poblaciones asiáticas, la prevalencia estimada oscila entre 1.8% y 2.9% (ASRS, 2024).
Diversos factores de salud y estilo de vida se han asociado con la presencia de nevos coroideos. Las investigaciones han identificado las siguientes asociaciones:
- Índice de masa corporal (IMC) elevado
- Mayor exposición acumulada a estrógenos sin oposición
- Hipertensión arterial (presión arterial alta)
- Psoriasis
- Niveles bajos de lipoproteínas de alta densidad (HDL, conocido como colesterol 'bueno')
- Niveles elevados de ácido úrico
Aunque la mayoría de los nevos coroideos permanecen estables, ciertas características aumentan el riesgo de transformación a melanoma. Los especialistas en retina utilizan un sistema de evaluación conocido como TFSOM-DIM, que corresponde a las siglas en inglés de 'To Find Small Ocular Melanoma Doing Imaging' y destaca las señales de alerta principales (Shields et al., 2023):
- Grosor mayor de 2 mm en la ecografía oftalmológica
- Líquido subretiniano visible en la tomografía de coherencia óptica (OCT)
- Síntomas como pérdida de visión a 20/50 o peor
- Pigmento anaranjado (lipofuscina) observado en las imágenes diagnósticas
- Patrón hueco de melanoma en la ecografía
- Diámetro mayor de 5 mm en la fotografía del fondo de ojo
Un estudio amplio de 2,355 casos demostró que el riesgo de transformación a cinco años depende de cuántos de estos factores están presentes. Sin factores de riesgo, el riesgo a cinco años es de aproximadamente 1% (Shields et al., 2023). Con cada factor adicional presente, el riesgo aumenta de forma significativa (Shields et al., 2023). Los nevos gigantes, aquellos que miden 10 mm o más de diámetro, presentan un riesgo aún mayor de cambio.
Síntomas y señales de alerta
La mayoría de los nevos coroideos no producen ningún síntoma. La persona generalmente no sabe que tiene uno hasta que un especialista en retina lo descubre durante un examen con dilatación de la pupila. Esta es una de las razones por las que los exámenes oculares regulares son valiosos, incluso cuando la visión parece normal.
En algunos casos, un nevo ubicado debajo de la mácula puede provocar visión borrosa o distorsionada en el campo central. Esto puede ocurrir si el nevo causa cambios en el epitelio pigmentario de la retina suprayacente, lo que lleva a acumulación de líquido debajo de la retina. Algunas personas pueden notar una mancha gris u oscura en su visión.
La neovascularización coroidea, es decir, el crecimiento de vasos sanguíneos anormales asociados con el nevo, también puede causar filtración de líquido o sangrado que afecta la visión.
Ciertos síntomas pueden indicar que un nevo está cambiando o que existe otra condición ocular que necesita evaluación inmediata. Consulte con un especialista en retina o acuda a urgencias de inmediato si presenta alguno de los siguientes síntomas:
- Aumento repentino de cuerpos flotantes (puntos o hilos que se desplazan en la visión)
- Destellos de luz en un ojo
- Una sombra o cortina que se extiende sobre parte de su campo visual
- Pérdida repentina de visión en un ojo
Diagnóstico y pruebas
Un nevo coroideo se descubre con mayor frecuencia durante un examen con dilatación de la pupila. Después de dilatar la pupila con gotas oftálmicas, el especialista en retina examina el interior del ojo utilizando una lente especial y una fuente de luz. El nevo se observa como una mancha pigmentada plana o ligeramente elevada en la coroides.
Una vez identificado el nevo, el especialista en retina puede utilizar diversas herramientas de imagen para documentar su tamaño, forma y características. Estos estudios permiten establecer una referencia inicial para comparaciones futuras y evaluar cualquier rasgo que pueda indicar riesgo de transformación.
- Fotografía del fondo de ojo: imagen de alta resolución de la parte posterior del ojo que se utiliza para medir el diámetro del nevo y detectar cambios a lo largo del tiempo.
- Tomografía de coherencia óptica (OCT): un estudio no invasivo que genera imágenes transversales detalladas de la retina. La OCT puede detectar líquido subretiniano o cambios en el epitelio pigmentario de la retina sobre el nevo.
- Autofluorescencia del fondo de ojo (FAF, por sus siglas en inglés): una técnica de imagen especializada que puede revelar pigmento anaranjado (lipofuscina) en el nevo o alrededor de este. Esta característica se asocia con mayor riesgo de transformación.
- Ecografía oftalmológica: una prueba indolora que mide el grosor del nevo y permite identificar características internas como el patrón hueco de melanoma.
Desarrollos recientes incluyen centros de lectura de oncología ocular en línea para ayudar a evaluar el riesgo del nevo. Utilizando los criterios TFSOM-DIM y resultados de imágenes multimodales, estas herramientas asisten a los especialistas en retina para determinar la probabilidad de transformación y establecer los intervalos de seguimiento adecuados.
Opciones de tratamiento
La mayoría de los nevos coroideos no requieren tratamiento activo. El enfoque habitual consiste en observación cuidadosa con exámenes periódicos y estudios de imagen. El especialista en retina generalmente programa visitas de seguimiento cada 6 a 12 meses, dependiendo del tamaño y las características del nevo. En cada visita, se comparan los estudios de imagen con la referencia inicial para identificar cualquier signo de crecimiento o nuevas características de riesgo.
Cuando un nevo coroideo causa complicaciones como neovascularización coroidea o líquido subretiniano, puede ser necesario un tratamiento para proteger la visión. Los dos enfoques principales son la terapia anti-VEGF y la terapia fotodinámica (TFD).
La terapia anti-VEGF consiste en inyecciones intravítreas (inyecciones directamente en el ojo) de medicamentos que bloquean el factor de crecimiento endotelial vascular (VEGF, por sus siglas en inglés). Esta proteína impulsa el crecimiento de vasos sanguíneos anormales y la filtración de líquido. Las inyecciones generalmente se administran cada 4 a 8 semanas, dependiendo de la respuesta del paciente.
La terapia fotodinámica (TFD) es un tratamiento activado por luz que puede ayudar a reducir el líquido subretiniano causado por un nevo coroideo. En una serie pequeña de 17 casos, entre una y tres sesiones de TFD mejoraron la agudeza visual promedio de 20/80 a 20/60 (Shields et al., 2023). Tanto la TFD como la terapia anti-VEGF se consideran tratamientos de primera línea para las complicaciones relacionadas con el nevo.
Si los estudios de imagen y los hallazgos clínicos confirman que un nevo se ha transformado en melanoma coroideo, el especialista en retina derivará al paciente a un oncólogo ocular. El tratamiento para el melanoma del ojo puede incluir radioterapia, extirpación quirúrgica u otros enfoques especializados. La detección temprana mediante seguimiento regular ofrece a los pacientes la mejor oportunidad para un tratamiento exitoso.
Qué esperar durante el seguimiento
Para la gran mayoría de las personas, un nevo coroideo es un hallazgo benigno que no requiere tratamiento, solo seguimiento periódico. La mayoría de los nevos permanecen estables durante décadas y no causan problemas de visión. Saber que tiene un nevo puede ser tranquilizador una vez que comprende que el seguimiento es una medida de precaución, no una señal de un problema grave.
En cada cita de seguimiento, el especialista en retina le dilatará las pupilas y realizará estudios de imagen. Estos se comparan con los registros previos. La visita generalmente toma entre 30 y 60 minutos. Es posible que presente visión borrosa temporal y sensibilidad a la luz debido a las gotas de dilatación durante algunas horas después del examen. Llevar gafas de sol y coordinar transporte puede hacer la experiencia más cómoda.
El pronóstico a largo plazo para las personas con un nevo coroideo es muy favorable. Dado que la tasa de transformación se estima en solo 1 de cada 9,000 por año (ASRS, 2024), la gran mayoría de los nevos no representan una amenaza para la visión ni para la salud. El seguimiento constante con un especialista en retina asegura que el caso poco frecuente de un nevo que muestre señales de cambio se detecte de forma temprana y se maneje adecuadamente.
Cómo cuidar su salud ocular con un nevo coroideo
Tener un nevo coroideo es un recordatorio de la importancia del cuidado ocular regular. Asista a todas las citas de seguimiento programadas, incluso si su visión se siente normal. Informe cualquier síntoma visual nuevo a su especialista en retina de forma oportuna, incluyendo visión borrosa, distorsión, nuevos cuerpos flotantes o destellos de luz.
La relación directa entre la exposición solar y el crecimiento de los nevos coroideos aún se encuentra en estudio. Sin embargo, proteger los ojos de la luz ultravioleta (UV) es una buena práctica para la salud ocular en general. Usar gafas de sol que bloqueen tanto los rayos UVA como UVB al estar al aire libre puede reducir el riesgo de diversas condiciones oculares. Mantener un peso saludable y controlar condiciones como la hipertensión arterial también puede contribuir a la salud ocular a largo plazo.
Enterarse de que tiene una mancha dentro del ojo puede generar ansiedad, especialmente cuando palabras como 'melanoma' forman parte de la conversación. Es importante recordar que un nevo coroideo es comparable a un lunar en la piel. La gran mayoría de las personas con un nevo no desarrollan melanoma.
Si siente preocupación entre las visitas de seguimiento, considere conversar sobre sus inquietudes con su especialista en retina. Comprender el bajo riesgo estadístico de transformación puede ayudar a tranquilizar su mente.
Los adultos de 40 años o más deben realizarse un examen con dilatación de la pupila según las recomendaciones de su proveedor de atención ocular. Si se detecta un nevo coroideo durante un examen de rutina realizado por un optometrista u oftalmólogo general, puede ser apropiada una derivación a un especialista en retina de New England Retina Associates (NERA) para una evaluación detallada y estudios de imagen de referencia.
Contacte a un especialista en retina o busque atención de urgencia de inmediato si presenta un aumento repentino de cuerpos flotantes, nuevos destellos de luz, una cortina oscura o sombra que se desplaza sobre su campo visual, o pérdida repentina de visión en un ojo. Estos síntomas pueden indicar una emergencia retiniana y no deben esperar, independientemente de si tiene un nevo coroideo conocido.
Preguntas frecuentes
En casos poco frecuentes, un nevo coroideo puede transformarse en melanoma coroideo. Según datos de la ASRS (2024), la tasa estimada de transformación es de aproximadamente 1 de cada 9,000 por año. El riesgo aumenta cuando están presentes características específicas, como un grosor mayor de 2 mm, líquido subretiniano, pigmento anaranjado o un diámetro mayor de 5 mm. El seguimiento regular permite al especialista en retina detectar cualquier cambio en la etapa más temprana posible.
El calendario de seguimiento depende de las características del nevo y del criterio de su especialista en retina. Un nevo pequeño y de bajo riesgo generalmente se revisa una vez al año. Un nevo con uno o más factores de riesgo puede requerir visitas más frecuentes, en algunos casos cada 3 a 6 meses. Su especialista determinará el intervalo adecuado con base en los estudios de imagen y el examen clínico.
La mayoría de los nevos coroideos no requieren tratamiento. Simplemente se monitorean a lo largo del tiempo. El tratamiento se vuelve necesario solo si el nevo causa complicaciones como acumulación de líquido debajo de la retina o crecimiento de vasos sanguíneos anormales. En esos casos, las inyecciones anti-VEGF o la terapia fotodinámica (TFD) pueden ayudar a manejar la complicación y proteger la visión.
No, son condiciones diferentes. Un nevo coroideo es una acumulación de células pigmentadas en la coroides, similar a un lunar en la piel. La degeneración macular es una condición progresiva que afecta la mácula. Sin embargo, un nevo ubicado cerca de la mácula puede causar cambios que se asemejan a características de la degeneración macular, como drusas o acumulación de líquido. El especialista en retina puede distinguir entre ambas condiciones mediante estudios de imagen.
Un nevo coroideo por sí solo no indica un riesgo mayor de melanoma cutáneo. Sin embargo, las personas que tienen muchos lunares en la piel o antecedentes personales de cáncer de piel deben mencionarlo a su especialista en retina. Tanto los lunares de la piel como los nevos coroideos involucran melanocitos. Estar atento a los cambios en ambas áreas es una práctica razonable dentro del cuidado integral de la salud.
Si nota cualquier cambio en su visión entre las citas programadas, como visión borrosa nueva, distorsión, aumento de cuerpos flotantes o destellos de luz, contacte a su especialista en retina lo antes posible. Es importante que esta evaluación se realice de manera oportuna para descartar complicaciones o iniciar tratamiento de forma temprana si es necesario.